Datos personales

martes, 23 de julio de 2013

Sòlo un beso



Te encuentras delante de mí, sin mirarme, sin presentirme, sólo escuchas el susurro del viento, las copas de los árboles parecen dibujar una silueta en el alto cielo. Tu cabello flamea con la brisa tierna, que también acaricia suavemente mis hombros y mi cuello.
T e siento, siento tu fragancia de dama inglesa, olfateo el dulce aroma a primavera, que con sus primeros pasos da aviso de llegada.
Revoloteando algunas avecillas cantan al compas de un sol gigantesco que se apresura al escondite, ubicado al oeste del inmenso mar celeste dibujado por encima de mis ojos.
Tus ojos cerrados, tu cara pálida, y tus mejillas rojas, esperan un susurro, una respiración tan poco audible, un simple sonido que intercepte tu oído. Tratas de espiar, pero un manto negro te lo impide, te parece extraño, no lo creerías, te han vendado. Te preguntas por qué?

Buscas algún ruido que delate al que te ha acostado por encima del ropaje mal acomodado en tu cama.
Tu respiración comienza a notarse un poco acelerada, piensas primero porque, pero de un momento a otro te das cuenta, una gélida vibración se posa sobre tu pierna, abre paso sin detenerse, pasando por encima de tu pubis, de tu ombligo, de tus pechos, llegando a rozar tu cuello, que temblando se irgue un poco y concluye con un tierno masaje en tu oído.

Tu mente no desacelera, continua su pensamiento, no sabes quién es, o quizás sí.

De repente, sientes encima otro cuerpo, otra alma. Se posa sobre ti desnudo. Comienza a tomar una por una tus manos, hasta entrelazarla una con otra, toma impulso, y llega con su pecho hasta tu corazón, se desvanece, cae, sobre tu cuello, sin rozar tu rostro.

Luego de unos minutos, tu cuello siente algo de comezón, quieras rascarte, no obstante no logras hacerlo, recuerda tus manos están atrapadas.

Se mece en tu cuello, y sube el suyo queriendo algo más, lo busca, rozando su nariz, por tus parpados, tus mejillas y finalmente quiebra en un movimiento su postura.

Se acerca sigilosamente, casi sin moverse, casi sin respirar, deja caer sus labios por encima de los tuyos, con tal ternura, con tal apego, con mucho afecto.

Ahora sí, tú te quitas la venda, ambos se ven, se observan, se miden, y se envuelven con tal pasión en un beso más que apasionado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario