Datos personales

lunes, 22 de julio de 2013

En marcha

Primero de los textos que verán, espero que lo disfruten.
Para imaginar cuando se lo lee.





Sin notar su ausencia, tomé mis zapatos, me los calcé, mientras ataba mis cordones maltrechos, acto seguido tomé mi sweater y me lo puse por encima de la cabeza, porque no es del todo un saco sino más bien campera. Algo ligero para estar cómodo mientras deambulo por la tierra.
Al tomarlas de la mesa siento ese sonido tipo campanada, al estar tan juntas parecen hermanas, son 3, dos de mi casa y una del feroz aliado que me espera afuera. Las dos de mi casa son más bien antiguas, ya que las puertas son de la década del 60 y llaves para un cerrojo como ese ya no se consiguen con facilidad, salvo en casas muy mal ubicadas en antiguas paradas o callejones oscuros. La tercera es más bien moderna, con un toque de negro, bordeando al plateado que muy brilloso desconcierta a las más antiguas, de buen manejo para el pulgar y el índice para insertarse en el agujero con forma plana, casi como los ojos de un chinito, que se encuentra plegada bajo el inmenso objeto de forma circular que se encuentra encima de ella.
Parto hacia mi destino, tal vez sin ningún punto de llegada, o quizás sí...todo depende del viaje, de lo bueno del trayecto, del desconcierto del paisaje, de lo increíble y a la vez dudoso manejo de mis nervios. Todo, todo esto y más. Salgo por adelante y una gran puerta de acero, me espera, un tanto pesada, porque al igual que las llaves, esa puerta es anticuada, pesa algo de…bueno pesa sus cuantos kilos, de color opaco, tiende a abrirse poco a poquito, ya que se encuentra a lo mejor un tanto oxidada. Con mis brazos desnudos de fuerza, no de vestimenta, porque me cubro bien con mi campera, empujo con fuerza, para salir de mi hogar y trabar esa puerta que más bien debería regalar.
Allí está, parada siempre en el mismo lugar, con sus claros y oscuros, siempre atenta  al cambio repentino del tiempo, no se lamenta, ya que no corre peligro alguno con ese ropero que lleva en su cuerpo, comenzando por debajo, con unas gruesas botas que impiden el paso del frío otoñal, más bien armada se encuentra por encima, con un pantalón de corderoy marrón castaño, con oblicuos bolsillos a los costados, algo extraño para ser una prenda femenina, y más arriba se puede notar bajo el sobretodo color crema con sutiles tintes parecidos a la canela, una polera verdeazulada, un poco desteñida, sólo para fugases miradas, que atienden exclusivamente el desperfecto ajeno.
Pero no hay que detenerse en su atuendo marchito, apagado, sino en su cálida, eterna y brillante sonrisa, la cual despliega, desde que se la ve asomar por la esquina, y llegar hasta el puestito de diario. La pregunta de todas mis mañanas es porque estará tan feliz?

No hay comentarios:

Publicar un comentario